Triste época la nuestra!!!... Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. "Albert Einstein"
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La lucha ideológica contra Sendero Luminoso y sus negadores

(*)Otra Mirada. Se ha debatido en las últimas semanas sobre la importancia de dar la lucha ideológica contra Sendero Luminoso a propósito del intento de este último por legalizar una organización de fachada y pedir la amnistía para los presos por terrorismo.

Frente al tema han surgido voces desde el oficialismo y otros voceros de la derecha en contra de tal lucha ideológica y, más todavía, acusando de cómplices con el terror a quienes la plantean. El argumento es que Sendero Luminoso se encuentra militar y políticamente derrotado y que cualquier lucha ideológica con el mismo es levantarlo y darle el estatus de interlocutor.

Lo que pone sobre la mesa esta reaparición, aunque sea episódica de Sendero, así como la reacción que ha causado, es la imperiosa necesidad de dar una lucha ideológica, pero en dos frentes. Nos referimos tanto a estos remanentes del terror que hoy se nos quieren presentar con piel de cordero, como a sus negadores reaccionarios que no quieren desaparecer a los primeros sino mantenerlos, en áreas por supuesto que no les estropeen la vida cotidiana como es el caso de San Marcos, para “administrarlos” de acuerdo a las necesidades políticas de la coyuntura.

Dar la lucha ideológica contra Sendero, así esté derrotado, es fundamental, porque ello nos permite prevenir el resurgimiento del mismo o de otras organizaciones similares en una etapa en la que nuestra democracia es todavía precaria por la aguda desigualdad social con la que debe convivir. Esta combinación perversa de aguda desigualdad y democracia es la que estimula propuestas totalitarias como el senderismo. Por ello, a la par que pugnamos por una profundización democrática, sería ingenuo no combatir ni denunciar a quienes quieren terminar con nuestras limitaciones aplicando un remedio que, como ya lo han demostrado nazismo y estalinismo, se ha probado fatal.

La fachada senderista esboza, por lo demás, un argumento falso para sus reclamos de legalización. Dicen que como ciudadanos les corresponden todos los derechos inherentes, entre ellos el de organización política. A partir de la demanda de legalización es que reclaman la amnistía. Sin embargo, estos reclamos los hacen sin reconocer la matanza que provocaron y en miles de casos ejecutaron directamente, de aproximadamente 70,000 peruanos, entre 1980 y 1995. Tampoco dicen nada respecto de la organización que la ejecutó, Sendero Luminoso, que debería estar muerta y enterrada hasta por sus propios integrantes o ex integrantes. Esta falta de reconocimiento desbarata cualquier reclamo de legalización y/o amnistía, inviables además cuando lo que se han cometido son delitos atroces como el terrorismo agravado al que nos referimos. Todo esto se revela en el propio discurso senderista que, como ellos mismos señalan, hoy apuesta a la legalización porque no hay condiciones para la lucha armada.

La derecha por su parte, con sus conversos apristas de voceros, no quiere combatir ideológicamente a Sendero porque no les conviene extinguirlo. La evocación de Sendero Luminoso cada vez que hay una movilización social de envergadura, así como la referencia al mismo cuando de levantar la candidatura de la derecha mafiosa se trata, como es el caso de Keiko Fujimori, han probado, desafortunadamente, ser un buen negocio en el Perú. Asimismo, la ausencia de activistas de los partidos de derecha y el Apra, en lugares duros para el debate ideológico y la movilización política, como son las universidades nacionales y el magisterio, son una clara señal de que a esta gente no le interesa terminar con el senderismo.

Hay necesidad entonces de redoblar la lucha, también ideológica, contra el senderismo como propuesta totalitaria, así como contra aquellos que en nombre de la democracia quieren llevarnos a una nueva regresión, también autoritaria, aunque esta vez sea para continuar con la expropiación de nuestros derechos y el saqueo del Perú.
(*)Articulo publicado en la web Otra Mirada.

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Recomendado: El Saber Manejarse Uno Mismo

Aquellos que han tenido más éxito en la historia de la humanidad –un Napoleón, un DaVinci, un Mozart– siempre han sabido manejarse a sí mismos: siempre han ejercido automanagement. Eso es lo que, en gran medida, los hizo tan exitosos.
Sin embargo, son los menos. Tanto sus talentos como sus logros deben considerarse fuera de los límites de la existencia humana común y corriente. Pero todos, inclusive los menos dotados, debemos aprender a autogestionarnos, a manejarnos a nosotros mismos, a hacer automanagement.
Debemos aprender a desarrollarnos. Tendremos que ubicarnos en donde podamos dar nuestra mayor contribución. Y tendremos que mantenernos con la mente alerta y ocupada durante una vida laboral de 50 años, lo cual significa saber cómo y cuándo cambiar nuestro trabajo.


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Sobre el golpe de estado perpetrado en Honduras

El reconocido comunicador, politólogo y escritor Marcelo Colussi, escribió un análisis con lo sucedido en Honduras tras el golpe de estado. Se los dejamos con este buen articulo.

¿Qué significa el golpe de Estado de Honduras?

La destitución inconstitucional del presidente hondureño Manuel Zelaya es un hecho que nos obliga a pensar qué implicancias tiene todo esto para el campo popular en el mediano y largo plazo. De acuerdo a como están las cosas en este momento, podría llegar a ser posible que el depuesto presidente sea restituido en su cargo, dado la respuesta de los distintos gobiernos desconociendo al nuevo mandatario surgido de la asonada, o mandatario paralelo, de acuerdo a la compleja situación jurídico-administrativa creada. Lo importante, para lo que debe servirnos todo este oscuro capítulo, es para sacar conclusiones útiles en un futuro escenario a quienes seguimos pensando que otro mundo es posible, para quienes seguimos apostando por algo más allá de estas “democracias vigiladas”, estos “simulacros de democracia” asentados en enormes masas de pobres a los que se les enseña sólo a agachar la cabeza. Todo esto, obviamente –lo de Honduras lo reafirma– no es democracia.

Por lo pronto, para todas las fuerzas progresistas y para el campo popular –de Honduras, obviamente, pero también para toda América Latina, o el mundo– es una pésima noticia. Deja entrever que las estructuras políticas sobre las que se asentaron todas las dictaduras que marcaron la historia latinoamericana a través de décadas, no han desaparecido. Si alguien osó pensar en algún momento que en el continente se habían registrado cambios profundos en esa estructura, este golpe viene a demostrar lo contrario. Nada ha cambiado en lo profundo, y las relaciones de fuerza no se han alterado. Los grandes propietarios nacionales (terratenientes tradicionales y empresariados modernos, a los que se pueden sumar las nuevas aristocracias ligadas al nuevo capitalismo crecido en torno al negocio del narcotráfico) siguen siendo tan reaccionarios como décadas atrás, y cuando existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, que su situación de privilegio pueda ser siquiera rozada, reaccionan monolíticamente por olfato de clase. Reaccionan liquidando lo que se les ponga delante, castigando al presunto “comunista” de turno, al que ose ya no cuestionar su poder (léase expropiaciones, reforma agraria) sino intentar algunos cambios cosméticos, por superficiales que sean.

Pasó en Venezuela con el intento de golpe a Hugo Chávez en 1992 por sus medidas populares, pasó y sigue pasando en Bolivia cuando la llegada al gobierno del aymará Evo Morales, quien habla un lenguaje popular, pasó en Guatemala con Álvaro Colom, a quien se le fabricó el famoso video que lo incrimina como asesino por tener un barniz progresista; en otros términos, las derechas (tradicionales o emergentes), que siguen detentando las mismas cuotas de poder económico de siempre, siguen estando al acecho en términos políticos, y si algo significa que pueden ponerse en algún peligro sus privilegios históricos, actúan (¿para qué, si no, siguen estando las fuerzas armadas?)

De todos modos sería miope no ver que también en estas últimas décadas, de la mano de los furiosos planes neoliberales, vinieron también aires modernizadores en los aspectos políticos: las dictaduras son vistas como cosas del pasado, dinosaurios que no deben volver, y todos los países de la zona hablan un nuevo lenguaje “democrático” que cuestiona regímenes o procedimientos anticonstitucionales. Eso fue lo que todos los sectores fuera del país, en Latinoamérica y en el resto del mundo, dijeron inmediatamente luego del golpe de Estado de Honduras, incluido el gobierno de Estados Unidos. Hoy día podríamos estar tentado de decir que es un avance en la cultura política extendida globalmente el hecho que ya se hayan instaurado los sistemas democráticos parlamentarios, habiéndose relegado al olvido las dictaduras.

Pero los sucesos de Honduras muestran que eso no es tan así. Enseñan, por el contrario, que los procesos democráticos que vienen desplegándose en Latinoamérica en estos últimos años son totalmente cosméticos, asentados en pies de barro. Son, por el contrario, las salidas políticas no cruentas que Washington ha venido imponiendo desde hace unas tres décadas para la región, no porque realmente hay una mayor salud política y una efectiva participación popular en la toma de decisiones sino porque las dictaduras ya no le eran funcionales para su estrategia continental. “Democracias de baja intensidad”, como se les ha llamado.

Las fuerzas reaccionarias, si bien estos últimos años no han tenido todo el protagonismo de décadas atrás, ahí siguen estando y no han retrocedido un milímetro en su cuota de poder.
Podría decirse que incluso la Casa Blanca viene teniendo un nuevo discurso político últimamente, y hoy día no avala golpes de Estado como fue su costumbre durante todo el siglo XX. Sí y no. De hecho el presidente Barak Obama desconoce –al menos de momento– el quiebre de la institucionalidad en Honduras y al mandatario paralelo Roberto Micheletti. Aunque también se ha denunciado ya que algunos actores golpistas mantuvieron contactos con miembros de la embajada estadounidense en Tegucigalpa antes de la movida que alejó de la presidencia a Zelaya. Por supuesto, no son noticias oficiales, pero no sería nada improbable que, una vez más, Washington mantenga un doble discurso, diciendo algo oficialmente y avalando otras vías por lo bajo.

El caso de Honduras muestra que hoy se habla otro lenguaje político y nadie puede invocar ni saludar alegremente un golpe anticonstitucional. Pero muestra también que patéticamente, más allá del repudio de los distintos gobiernos, los pueblos siguen estando indefensos frente a los poderes de hecho: unos cuantos tanques de guerra puestos en algunas ciudades, el corte de energía y una buena campaña mediática siguen siendo muy difícil, cuando no imposible, de enfrentar por las grandes mayorías populares. ¿Qué se avanzó realmente en el campo popular con estos simulacros democráticos? Muestra que el mismo sigue estando a merced de las acciones criminales de la derecha, la cual puede con mucha facilidad montar los escenarios necesarios para golpear con contundencia. Muestra que, más allá de las buenas intenciones de un “nunca más” que circuló por el continente luego de retiradas las últimas dictaduras el siglo pasado, nada garantiza con simples declaraciones políticas que efectivamente nunca más puedan repetirse escenarios de represión, de sangre y de guerras sucias internas.

Quizá los mecanismos íntimos del golpe de Estado de Honduras tengan que ver con situaciones muy coyunturales del país centroamericano, con elementos muy propios de su historia particular no generalizables al resto de la comunidad latinoamericana. Pero también significa, en definitiva, que la lucha popular sigue estando al rojo vivo, y que si bien hoy día no se menciona en forma explícita la ideología de la Guerra Fría que marcó a sangre y fuego buena parte de la historia del siglo XX, todo ello sigue estando en los cimientos mismos de nuestra sociedad global, tan antidemocrática e injusta como décadas atrás. Muestra, lamentablemente, que no es cierto que “nunca más” puedan volver a repetirse situaciones de represión feroz. Todo lo cual obliga a seguir viendo cómo se alcanza ese “otro mundo” de mayor justicia que anhelamos. Lo de Honduras nos debe servir, nos debe obligar a pensar entonces cómo se construye ese “otro mundo”.

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Debates: ¿Qué pasa con la cultura de la no violencia juvenil en latinoamérica?

En la historia de Mesoamérica y América Latina hasta el siglo XXI no ha existido un día libre de dolor y sufrimiento. La colonización dejó las huellas del trauma de la dominación mediante la imposición de lenguaje, creencias religiosas, racismo, exclusión social, violencia de género y sexo; con el exterminio de comunidades y pueblos.
Estos procesos coloniales y neocoloniales se consolidaron mediante la fuerza de las armas, la ideología y la imposición del pensamiento occidental como verdad suprema: ciencia, educación, tecnologías invasivas; saqueo de los recursos.
Los de piel y cultura blancas (ellos) eran los civilizados y civilizadores, los buenos, los sabios y los poderosos; limpios e inmaculados; el símbolo del progreso; por el contrario los indios, negros, mestizos (nosotros) los piel obscuras éramos y somos (según ellos ) las culturas subalternas y por lo tanto los malos , los sucios, los atrasados, los bárbaros y salvajes que había que someter, dominar, limpiar, humillar, esclavizar y explotar mediante bajos salarios, control de la economía y crear estructuras políticas serviles a sus intereses. El desarrollo de ellos significó el subdesarrollo nuestro.
La dominación se reproduce mediante el control de la educación, la formación de intelectuales y aparatos ideológicos (centros educativos y universidades y algunas iglesias que se articulan con los aparatos represivos -fuerzas militares, policiales, cárceles y leyes punitivas-); a diferencia de sacerdotes, pastores y monjas que fueron inmolados, perseguidos y torturados por ser partidarios del “Jesús de los Pobres” y de la Teología de la Liberación: Monseñor Romero, Ellacuría, Baró, Guadalupe Carney, Celebradores de la Palabra, otros y otras líderes religiosas.
El mejor testimonio de esta violación de los derechos humanos en América Latina es la Doctrina de la Seguridad Nacional que se caracterizó por la tortura y la eliminación de los supuestos enemigos.
La dedicatoria de estas políticas en el siglo XX y XXI han estado destinadas a inventar al enemigo, al subversivo, que en este caso eran y son en su mayoría los jóvenes; por eso era preferible promover el alcoholismo, el tabaquismo y las drogas en los niños, niñas y jóvenes en la década de los años ochenta y noventa; en vez de que se contaminaran con las ideas subversivas de liberación de los pueblos tales como las ideas socialistas o la teología de la liberación.
Se prohibieron las organizaciones estudiantiles de secundaria, En Honduras hasta hubo un Decreto del Congreso Nacional de la República que consideraba esa prohibición.
Fue abolida la paridad estudiantil y el poder de los jóvenes en las universidades y se produjo la universidad pintada de silencio que imitara al modelo occidental. Se reprimió a la juventud a tal grado que la mayor parte de desaparecidos en America Latina son jóvenes. Se privatizó la educación y se crearon mecanismos elitistas y falsos exámenes de admisión para restringir el ingreso de los pobres a las universidades.
Los procesos de guerra, dominación económica, la globalización tuvieron como resultado la emigración de millones de jóvenes de América Latina hacia EUA y Europa; en esos países la emigración ha sido reprimida por políticas violentas y racistas.
La globalización del capitalismo soslaya en su discurso las estructuras de la violencia que han sido creadas y que se reflejan en la pobreza y en el entrenamiento de torturadores de escogidos militares y policías en la famosa “Escuela de las Américas” y en la manipulación ideológicas de algunos medios que han contribuido a la estigmatización de los niños, niñas y jóvenes al considerarlos como los principales responsables de las situaciones violentas y de la delincuencia. Continua leyendo el articulo...

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Opinión: Impulsemos la modernidad, apoyemos la lucha amazónica

por. José Oscátegui(*)

Prof. del dpto. de economía de la PUCP

Muchos recordamos el infausto artículo “El síndrome del perro del hortelano” del presidente García, en octubre del 2007:“El primer recurso es la Amazonía. Tiene 63 millones de hectáreas y lluvia abundante..... Para que haya inversión se necesita propiedad segura, pero hemos caído en el engaño de entregar pequeños lotes de terreno a familias pobres que no tienen un centavo para invertir..... existen verdaderas comunidades campesinas, pero también comunidades artificiales..… en vez de poner en valor sus cerros y tierras, alquilándolas, transándolas porque si son improductivas para ellos, sí serían productivas con un alto nivel de inversión o de conocimientos que traiga un nuevo comprador…”.
El diagnóstico presidencial y el diseño de la “solución” fueron hechos hace casi dos años, lo que ocurrió en el intermedio fue el desarrollo de la legislación que podría convertir en legal la expoliación a las comunidades indígenas. El pretexto fue el llamado TLC con EEUU. Tanto la “solución” presidencial a la pobreza indígena como el TLC fueron presentados como condición necesaria para el ingreso del Perú a la modernidad. Nada más equivocado. Ni el TLC ni el despojo, directamente o vía mercado, de sus tierras a los indígenas son muestra de modernidad sino todo lo contrario.
El desarrollo económico “a lo García”
La experiencia peruana con el desarrollo del mercado “a lo García” puede observarse en los resultados de la explotación minera desde la colonia. La minería de mercurio en Huancavelica, explotada desde el siglo XVII, no ha producido ni riqueza, ni progreso, ni bienestar en ningún lugar de esa región. Tampoco lo hizo en Pasco la explotación de la Cerro de Pasco Corporation, que solo extinguió los pastos y la ganadería campesina. Esta región es una de las más pobres del país. En tiempos más recientes, la explotación de hierro en Marcona tampoco produjo riqueza alguna en Ica. Podríamos generalizar diciendo que ese modelo de desarrollo no ha producido riqueza ni para las regiones ni para las mayorías del país. El modelo de García es el mismo de Fujimori, es el modelo neoliberal.
El desarrollo, el rol del Estado y la modernidad
Tal como lo muestran las experiencias recientes de desarrollo en sociedades atrasadas (como la experiencia alemana en el siglo XIX, la experiencia asiática desde mediados del siglo XX, y hasta la chilena), el Estado tiene que ser un promotor y organizador del desarrollo. En primer lugar, debe garantizar que todos los habitantes sean ciudadanos (pero ni siquiera esto se cumple en el caso de la población indígena amazónica). En segundo lugar, la modernidad exige que el Estado asegure servicios como la educación de calidad para toda la población, servicios de salud y seguridad ciudadana (nada de lo cual existe en cantidad suficiente en nuestro país, ni siquiera para la población urbana). En tercer lugar, para promover el funcionamiento y desarrollo del mercado, el Estado debe regularlo.
La desconfianza de las comunidades nativas se basa en que nuestro Estado, raquítico e intencionalmente debilitado por los fundamentalistas del libre mercado, no cumple con ninguna de estas funciones. El Estado actual, manejado por el gobierno de García, no recauda los tributos que debería recaudar (pide óbolos) y en vez de redistribuir ingreso, facilita su concentración.La lucha de los nativos y de toda la población amazónica es, como en Majaz, por impedir la concentración de la propiedad y la riqueza en pocas manos, sean estas nacionales o transnacionales. Por esto, esta lucha es democratizadora y debilita los soportes de los que promueven la concentración de la riqueza en un extremo y la miseria en el otro, con el pretexto de la modernidad y el libre mercado. http://aeperu.blogspot.com

(*)El autor condena los asesinatos de policías y civiles y se une al pedido de una Comisión Independiente que investigue estos hechos.

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OPINIÓN: LA TRAGEDIA QUE SE PUDO EVITAR

Fernando Eguren. No podemos desligar la protesta de las poblaciones nativas y los luctuosos hechos de Bagua, que ha cobrado hoy día la vida de pobladores y de policías, del discurso presidencial expuesto en el manifiesto “El síndrome del perro del hortelano”.
Recordemos algunos pasajes del artículo de Alan García publicado por El Comercio el 28 de octubre del año 2007 (las cursivas son mías):
“Hay millones de hectáreas para madera que están ociosas, otros millones de hectáreas que las comunidades y asociaciones no han cultivado ni cultivarán, además cientos de depósitos minerales que no se pueden trabajar y millones de hectáreas de mar a los que no entran jamás la maricultura ni la producción.”
“Para que haya inversión se necesita pro­piedad segura [de la tierra], pero hemos caído en el engaño de entregar pequeños lotes de terreno a familias pobres que no tienen un centavo para invertir…”
“Pero la demagogia y el engaño dicen que esas tierras no pueden tocarse porque son objetos sagrados y que esa organización comunal es la organización original del Perú…”.
“Este es un caso que se encuentra en todo el Perú, tierras ociosas porque el dueño no tiene formación ni recursos económicos, por tanto su propiedad es aparente. Esa misma tierra vendida en grandes lotes traería tecnología de la que se beneficiaría también el comunero….”
“..aquí todavía discutimos si la técnica minera destruye el medio ambiente, lo que es un tema del siglo pasado, claro que antes lo destruía y los problemas ambientales de hoy son básicamente por las minas de ayer, pero en la actualidad las minas conviven con las ciu­dades sin que existan problemas…”
“..el viejo comunista an­ticapitalista del siglo XIX se disfrazó de pro­teccionista en el siglo XX y cambia otra vez de camiseta en el siglo XXI para ser medioambien­talista.”
“…existen verdaderas comunidades cam­pesinas, pero también comunidades artificiales, que tienen 200 mil hectáreas en el papel pero solo utilizan agrícolamente 10 mil hectáreas y las otras son propiedad ociosa, de 'mano muerta', mientras sus habitantes viven en la extrema pobreza y esperando que el Estado les lleve toda la ayuda en vez de poner en valor sus cerros y tierras, alquilándolas, transándolas porque si son improductivas para ellos, sí serían productivas con un alto nivel de inversión o de conocimientos que traiga un nuevo comprador.”
Con claridad el presidente García va al fondo del problema: ¿quién debe disponer de los recursos naturales del país que, constitucionalmente, son de toda la nación? La gran inversión. ¿Quiénes no deben disponer de ellos? Las comunidades. ¿Por qué? Porque no tienen ni la educación ni los recursos económicos suficientes. Y como no tienen educación ni economía, sus derechos de propiedad no son plenos, es aparente.
Los decretos legislativos de junio del 2008 son la expresión normativa de este discurso, que es claramente excluyente de las comunidades campesinas y poblaciones nativas amazónicas.
La reacción de estas poblaciones es contra la violación a sus derechos sobre sus tierras y territorios. Los canales formales para atender la demanda de que estos decretos legislativos sean cambiados desgraciadamente no han funcionado y más bien han mostrado que las mesas de concertación han servido para ‘mecer’ a las poblaciones, corrompiendo lo que debía ser un legítimo método de negociación. No es de extrañar que, entonces, se hayan utilizado otros medios, como las movilizaciones y tomas de carreteras: la experiencia ha mostrado que sólo con medidas de fuerza el gobierno y el Congreso prestan atención. Vistas así las cosas, los principales responsables de estas movilizaciones son el gobierno y el Congreso.
Tampoco es de extrañar que, si a pesar de estas manifestaciones de protesta sigue la ‘mecida’, éstas se radicalizarán hasta llegar, lamentablemente, a la situación actual que ha cobrado la vida tanto de pobladores –ciudadanos- amazónicos como la policía, también ciudadanos. ¿De quién es la responsabilidad principal? De los quienes toman las decisiones políticas: el gobierno y el Congreso.
¿Qué hacer? Un camino es negociar de verdad. Con lo ocurrido, el Ejecutivo y el Congreso han perdido legitimidad como interlocutores. La única institución pública con legitimidad es la Defensoría del Pueblo, que debería tomar la iniciativa y convocar a dicha negociación con los representantes de las poblaciones amazónicas. Además, deberían renunciar dos de los principales responsables políticos del drama que estamos viviendo, el presidente del Consejo de Ministros, Yehude Simons, y la ministra del Interior, Mercedes Cabanillas.

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SOBRE EL CUERPO Y LA SALUD DE LAS MUJERES

Con este título quisiera referirme a dos procesos que de alguna manera y desde distintos poderes y verdades han intentado a través de la historia enajenar el cuerpo de las mujeres e instituido códigos, significados y explicaciones a lo que vivimos a partir del modo en que los estados pretenden resolver con mayor o menor control, sobre nuestros procesos biológicos y las distintas huellas que una sociedad jerarquizada y una feminidad subordinada han dejado sobre nuestros cuerpos y voluntades. Por otro tenemos el discurso médico que desde su enfoque positivista y sus recursos tecnológicos, se han convertido en la narrativa hegemónica. Se ha intentando inscribir el cuerpo de las mujeres en cuanto organismo regido por las leyes de la fisiología y la patología, especialmente las de la reproducción y no en cuanto cuerpo de la sexualidad y de la producción cultural.
Por: Rocío Gutiérrez R. / Movimiento Manuela Ramos

Nos adentramos así al debate sobre el control del cuerpo, la sexualidad y la reproducción de las mujeres que ha sido una constante a través de la historia de la humanidad y por supuesto las políticas públicas que son las que definen las situaciones reales y concretas en que se asignan y distribuyen los medios, recursos, oportunidades que permitan ambas condiciones, no han sido ajenas a este debate.
Históricamente, la raíz del derecho a la autodeterminación sobre el cuerpo, ha estado asociada a la noción de individualidad e identidad de la persona ( Esta afirmación de la individualidad es parte de la revolución puritana que se da en Inglaterra en el siglo XVII como respuesta a la mercantilización de los cuerpos en el mercado de trabajo que estaba emergiendo) Se concibe entonces, que una persona pasa a ser un individuo con necesidades y derechos.
La conexión directa entre el control del propio cuerpo y de la capacidad procreadora aparece en la agenda política en el siglo XIX, como demanda de las feministas ( en Inglaterra y Estados Unidos). Fue un reclamo colectivo de las mujeres de varios sectores sociales que reivindicaban el ejercicio de este derecho. En ese entonces, el reclamo de la maternidad voluntaria y de los derechos reproductivos estuvo motivado tanto por el tamaño de la familia como por el ansia de controlar su propia capacidad pro creativa.
En el momento histórico, en que el proceso de industrialización y de urbanización se dio en Europa, además de las mujeres, otros sectores organizados con poder económico plantearon como necesidad la limitación de los nacimientos en determinados sectores sociales: campesinos y trabajadores asalariados empobrecidos. Desde entonces el control de la población aparece como política social.
Entendiendo por control de población el ejercicio o el intento de ejercer control por elementos externos- ya sean los gobiernos nacionales, las agencias internacionales, la iglesia-sobre el derecho de la familia a tomar decisiones acerca del número de hijos que desean tener, considerando que en una pareja o familia la mujer y el hombre no coinciden necesariamente en lo que se refiere a tener o no tener hijos
Desde entonces las políticas de población vistas básicamente desde el punto de vista demográfico, y de la distribución de los recursos, han tomado a las mujeres como objeto de aplicación de modelos que han ido entre el controlismo y el pro natalismo de acuerdo a los requerimientos y necesidades de las naciones y de la organización del poder y los recursos en el mundo. La salud de la mujer como objeto de disputas.
Así en nuestro país podemos recordar la maternización de las políticas de salud de las mujeres, décadas de 70 y 80 en las que la salud del binomio madre-niño, presentada como una unidad indesligable exaltaba el control pre-natal, la nutrición materna, la inmunización infantil, la lactancia materna y el control del niño, prácticamente nuestra vida al servicio de la disminución de la mortalidad infantil. Sin embargo se soslayaba la responsabilidad del estado en programas que promovieran la paternidad responsable y la planificación familiar, recursos para atención de la mortalidad materna y otras áreas de la salud de las mujeres.
Haciendo historia podríamos decir que es a fines de los 70 y desde la Conferencia Mundial de Población del 74 que se conoce el primer Plan Nacional de Desarrollo y se fijan como parámetros de estado el descenso de la tasa de natalidad y algunas medidas que apuntaban a modificar las condiciones de vida de las mujeres. Los Lineamientos de Políticas de Población del 76 son la primera formulación desde el estado y con ello se iniciaba el proceso de institucionalización del control de población, es decir, el control sobre la tasa de nacimientos en ciertos grupos y categorías sociales. En esta perspectiva, las mujeres son instrumentales al desarrollo, en tanto potenciales procreadoras. Continuar con la lectura...

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OPINIÓN: EL SEÑOR ASILO

Por: Luis Gárate / Periodista

Ese fue el nombre con el que el tristemente célebre dirigente aprista Luis Alva Castro tituló una de sus obras sobre los largos años de persecución y exilio que padeció Víctor Raúl Haya de la Torre por sus ideas políticas consideradas, en su momento, como revolucionarias y hasta subversivas. Precisamente este título lo podría asumir hoy Alan García, pero no precisamente al ser perseguido por sus ideas “revolucionarias”, sino por ser el nuevo abanderado de asilar a renombrados opositores radicales de los procesos antiimperialistas de cambio social que se dan en la región. Y es que se trata de personajes relevantes que jugaron su rol de piezas del ajedrez imperialista, que como cuña, han buscado obstaculizar sistemáticamente los avances de los procesos de cambios sociales que están ocurriendo en países como Venezuela y Bolivia.
Sabemos que a la lista formada por personajes venezolanos como el dirigente sindical Carlos Ortega y el ex Gobernador del estado de Yaracuy, Eduardo Lapi, fue coronada recientemente por Manuel Rosales, ex candidato presidencial, ex gobernador con aspiraciones separatistas del estado Zulia y connotado partícipe del frustrado golpe de estado a Hugo Chávez en abril de 2002. Rosales es acusado por la justicia venezolana por enriquecimiento ilícito y antes del asilo, ya tenía orden internacional de captura en la Interpol.
Por otro lado, no contento con la agravio a la justicia venezolana, el gobierno aprista ha abierto otro frente acogiendo a miembros del nefasto gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, que recordemos reprimió sangrientamente al pueblo boliviano en la ciudad del Alto cuando salió a repudiar su política neoliberal y sus intentos de venta de gas a Chile en el año 2003. Los bolivianos amparados por la gracia de Alan García son los ex ministros Jorge Torres Obleas (asilado), Javier Torres Goitia y Mirtha Quevedo Acalinovic (refugiados), que son acusados de genocidio tras el asesinato de más de 60 bolivianos en la represión ordenada por el también prófugo Sánchez de Lozada, ahora refugiado en Estados Unidos. Será producto de sus remordimientos por su pasado populista y las ganas de congraciarse con la más rancia derecha latinoamericana y con los intereses de los Estados Unidos. Parecería que García ya no busca pasar a la historia como el líder tercermundista de los 80, sino como el articulador de una contraofensiva de las derechas en decadencia que tienen sangre en las manos y que buscan recuperar el poder que detentaron durante décadas en sus respectivos países. Gracias a la decisión del gobierno aprista, las relaciones diplomáticas con Venezuela y con Bolivia se ponen en una lamentable tensión.
Más allá de las particularidades legales de los casos, esta situación debe llamarnos a expresar nuestro rechazo a la estrategia de García y la derecha, así como a la campaña mediática que los respalda. Es hora de denunciar activamente este intento de convertir a nuestro país en un refugio de personajes que se escudan en ser democráticos, cuando no han sido capaces de reconocer su derrota electoral y que más grave aún, están acusados de graves delitos de corrupción y crímenes de lesa humanidad.

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CUANDO GANA LA JUSTICIA Y SE CONDENA LOS EXCESOS

No hace mucho que vivimos la tan esperada sentancia al mayor dictador que haya podido gobernar el Perú Alberto Fujimori, y para los que defendemos y creemos que los derechos humanos nunca deben ser vulnedados venga de donde venga (terroristas o estado) consideramos que fue una sentencia digna a recordar. Bueno pues el reconocido periodista peruano Gustavo Gorriti (caretas) redacto una articulo de opinión que se los compartimos si es que no tuvieron la opartunidad de leerlo.

La sentencia y la historia
Como medio mundo y su familia -me imagino-, vi y escuché, sin perder palabra ni detalle, la lectura de la sentencia a Alberto Fujimori. Pese a su extensión, el fallo fue una demostración del poder de la razón y de la palabra sobre el palabreo. Luego de meses de testimonios incompletos, de retorcimientos sofistas en la argumentación de la defensa, resultó notable el vigor descriptivo e interpretativo de la sentencia.
La potencia de los hechos, recordados, precisos, no sólo en sí mismos sino en el contexto en que ocurrieron. La razón de la memoria no fue sólo la de la verdad de los hechos sino de su correlación.
Ha sido un ejemplo de la fuerza de la razón, cuando el lenguaje, el idioma bien manejado describe, relaciona, precisa y resume la esencia de los hechos a través de la visión precisa de su existencia.
A lo largo de su historia frustrante y azarosa, nuestra patria ansió y soñó gobernarse y vivir a través de la razón republicana: el gobierno de los pueblos, por sí y para sí. Sofistas y leguleyos al servicio de tiranos torcieron una y otra vez el espíritu de la república democrática para sofocarla y sojuzgarla. Esta sentencia rescata los mejores principios de la democracia y tendrá, por eso, valor y vigencia históricas. La fuerza de los hechos expresados en las palabras justas; el coraje de pensar con inteligencia y con verdad; el juez como mandatario del pueblo en la defensa de las leyes que sostienen la democracia, la libertad y el bienestar de sus ciudadanos.
Esto suena, me temo, demasiado general y, de repente, hasta gaseoso. Pero no lo es. Una república vigorosa necesita tanto o más de jueces a la vez sabios e intrépidos que de grandes líderes políticos. Por fortuna –y lo digo sin asomo de halago sino con estricta objetividad– lo ha tenido en el Gran Almirante en Iquique, caso presente de los magistrados San Martín, Prado y Príncipe. Su fallo es histórico y reverberará mucho más allá de nuestras fronteras. Es una sentencia que robustecerá y ensanchará las fronteras de la democracia y la libertad.
Aquella sucesión argumental de preguntas y respuesta reiterada: “¿Está probado que…?” “Sí, lo está”, predicó su eficacia retórica en estar basada en un conocimiento sorprendentemente profundo y abarcador de los hechos. Fue un ejercicio de demostración investigativa con un rigor pormenorizado y sin baches que no recuerdo haber visto en ningún otro documento judicial y en muy pocas investigaciones.
¿Un ejemplo? Recordarán aquellos de ustedes que escucharon la parte final del alegato de Fujimori, que éste proclamó haberse enterado de mi secuestro recién en la primera conferencia de prensa que dio en Palacio luego del golpe del 5 de abril, cuando yo –recientemente liberado– le increpé por el secuestro.
En la sentencia el tribunal recoge ese argumento, pero lo contrasta con lo que Fujimori dijo ese día, en esa conferencia de prensa. En efecto, cuando le reclamé por mi secuestro y el robo de mi computadora, Fujimori me respondió, entre otras cosas, que sabía que me iban a devolver la computadora ese día. ¿Cómo lo sabía, si, como dijo luego, recién se enteraba de mi secuestro?
No sólo eso: Luego de mi intervención en esa conferencia de prensa, tomó la palabra el periodista Fernando Yovera para denunciar el secuestro de sus hermanos, que fueron capturados por un grupo dirigido por el coronel Roberto Huamán Azcurra, mano derecha y cómplice de Montesinos. Huamán Azcurra buscaba a Fernando Yovera y, al no encontrarlo, capturó como rehenes a sus hermanos. Coninuar leyendo de la fuente...

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la coorporación II

la coorporación III

Es una publicación de Vox Populi. 2010. Movimiento social “VOX POPULI”, San Martín de Porres. Lima 31. Av. Los Alizos cuadra 14, Lima – Perú Teléfonos: 990304451 / 945547843 E-mails: voxpopuliorg@gmail.com / voxpopuliorg@hotmail.com Copyright ©



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